Obras Padre Morales, S.J.

Forja de hombres.

El 8 de diciembre de 1965 tiene lugar el acontecimiento eclesial más importante del siglo XX y uno de los más trascendentales de toda la historia de la Iglesia. Pablo VI clausura solemnemente el Concilio Vaticano II.

A lo largo de 1965 el P. Morales remata su primera obra, Forja de hombres. El P. Morales primero ha vivido y luego ha justificado doctrinalmente lo que previamente ha vivido. Por eso, tal vez, la primera edición de Forja de hombres tiene un basamento doctrinal escueto. Se trata de un libro fundamentalmente anecdótico, cuyo valor estriba precisamente en la coherencia con que se han llevado a la práctica unos principios mínimos. El éxito de la primera edición le invita a ampliarla en 1968 y 1978. En 1987 quedará muy reelaborada, presentando los criterios de siempre, pero para un mundo en permanente cambio.

Cuatro partes, cuatro puntos cardinales en la formación y educación de hombres como apóstoles de sus compañeros. Mística de exigencia, espíritu combativo, cultivo de la reflexión y escuela de constancia.

  1. Exigir para poder educar. Parece cierto que muchos de los males de nuestra sociedad contemporánea proceden de la falta de educadores, y de educadores que exijan para que puedan «sacar de dentro» —eso es educar etimológicamente—, todo lo que los educandos llevan dentro. Lo cierto es que antes se cansa el educador de exigir que el educando de responder a la exigencia. El joven hoy desea que le exijan.
  2. Tan importante como la exigencia es el espíritu combativo, que se muestra no sólo al exterior, sino precisamente con uno mismo. El espíritu combativo, esa «actitud interior que empuja al hombre, abierto a la acción del Espíritu Santo, a estar en continua y serena tensión de voluntad, librando constantemente una gran batalla consigo mismo» (FH 174), pues «siempre andamos en guerra, y hasta alcanzar victoria no ha de haber descuido» (santa Teresa).
  3. Cultivo de la reflexión en una sociedad alocada. Un filósofo contemporáneo ha escrito que el hombre moderno se parece a un hombre que sale de su casa, pierde la llave y ya no sabe cómo entrar. Vive fuera de sí. Da vueltas en derredor, pero no acierta a penetrar.
  4. Escuela de constancia, la gran virtud vivida y predicada por el P. Morales. En cierta ocasión él mismo la definió como: «la constancia es la virtud que permite que las demás lo sean». Pobreza, virginidad, caridad, abnegación, humildad… sólo llegan a ser virtudes cuando se viven a lo largo de muchos años, ininterrumpidamente. Él había visto como nadie a cientos de hombres y mujeres empezar un nuevo camino, una nueva vida totalmente entregada a los demás, y dejarlo todo al cabo de unos cuantos años.

Laicos en marcha.

Seis artículos marca a todos los educadores.

  1. Frente a las obras que funcionan porque un hombre lo hace todo, señala el «hacer-hacer» como meta de todo educador. El hacer-hacer normalmente se rehúye por tener que pasar el educador a un segundo plano, por la paciencia que debe tenerse hasta que se va formando el educando, y porque el educador lo haría mejor y en menos tiempo que aquél. Con sus palabras «hacer-hacer supone en el educador animar y eclipsarse, saber ser todo y no ser nada». Lo que se exige del jefe, sea sacerdote o laico, es «dominar el arte de despertar y orientar las energías de los demás en orden a un quehacer colectivo. Dar órdenes es mucho más fácil que suscitar la colaboración. Es mucho más sencillo hacer algo por alguien que hacerlo con alguien. Dar una solución exige menos esfuerzo que hacerla descubrir a quienes tienen que tomarla» (LM 17).Si él logró realizar toda su obra fue gracias al hacer-hacer, que evidentemente no es un hábil sistema de desligarse del trabajo, ni un simple mandar hacer, ni desentenderse de responsabilidades, ni cargar fardos pesados sobre espaldas ajenas. Hacer-hacer es un complejo sistema educativo que supone sucesivas etapas como: poner en disposición de, porque el educador es un sugeridor; mandar hacer; comprobar que se ha hecho bien; hacerlo si no se ha hecho; enseñar a hacerlo; corregir y/o premiar; animar siempre…

  2. La segunda tentación que cerca al «novel sacerdote encendido en ardiente deseo de salvación de almas es la prisa por convertirlas». Por eso el segundo artículo lo titula «Renunciar a la prisa». «Lleno de fuego, sin experiencia ni conocimiento profundo de los hombres, piensa que es posible y duradero un retorno rápido al Evangelio de masas trabajadas por largos años de descristianización. Para conseguirlo, por lo menos en apariencia, para atraerse esas masas por las que suspira, empieza —sin darse cuenta—, a hacer concesiones peligrosas» (LM 65).

  3. Ante la tentación que desde finales de los cincuenta y principios de los sesenta venía circulando — pensemos en el fenómeno de los sacerdotes obreros por ejemplo—, incluye un tercer artículo: «No dejarse encandilar por mesianismos sociales o políticos». Aunque éstos sean necesarios, «el militante o forjador de juventudes no debe perder de vista que su tarea es distinta: formar el carácter y la inteligencia de hombres que, en la edad madura, estén en condiciones de urgir esas reivindicaciones con el ejemplo de una vida desinteresada, limpia de egoísmo, llena de sacrificio por los demás» (LM 113).

  4. El contacto en Bélgica con la obra de J. Cardijn le había hecho entender que el educador «No debe convertirse en organizador de diversiones», su cuarto artículo. Advierte un espejismo del que hay que prevenir al educador: Creer que las masas buscan lo que en apariencia codician.

  5. Un quinto artículo cobraba total actualidad en 1967, en pleno clima postconciliar, «Amplitud ecuménica en la mentalidad y en la acción». El P. Morales arremete contra el capillismo, contra el sentir sectorial, cerrado, de ghetto. «Una mentalidad amplia, universal, católica se impone dentro de una obra de juventud. El joven no debe sentirse en ella como miembro de una institución regida por tal o cual sacerdote, inspirada por tal o cual Orden o Congregación religiosa, sea la que sea. Hay que acostumbrarle a sentirse ciudadano de la Iglesia universal […] Esta visión ecuménica, universalista, le hace caer en la cuenta de que está al servicio de Cristo, y sólo de Él, por encima de todas las consideraciones a personas o entidades» (LM 189).

  6. No era de extrañar que el sexto artículo estuviese dedicado a la «Primacía de la vida interior», y dentro de él un amplio apartado a narrar la importancia de la Virgen en el educador y la educación. «Hemos llegado al más importante de los artículos de este código. El secreto para el lanzamiento de laicos al apostolado está precisamente aquí. Cultivar en ellos una vida interior intensa es la clave del éxito. Ese laicado trabajando con la jerarquía que la Iglesia necesita […] no se puede movilizar con amplitud y permanencia, sin una profunda vida interior» (LM 207).

Semblanzas.

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