La posición ante la propia muerte.

Todo hombre está obligado a morir voluntariamente. No es que todo hombre quiera morir, sino que, frente a una muerte ineludible, la voluntad siempre tiene libertad para la rebelión o el consentimiento. 

Cada cual o bien escoge la muerte en una cultura de vida o bien la niega en una cultura de muerte. Cada cual debe hacer de su propia muerte o bien el lugar del don total o bien la ocasión de la completa negación.

La cuestión no es exactamente to be or not to be, sino morir por la verdad o morir por la mentira, morir en el amor o morir en el odio, optar por un éxtasis sin retorno o por una implosión sin remisión.

Cuando se reflexiona en profundidad no hay más que una alternativa entre dos especies radicalmente opuestas de muerte voluntaria: el suicidio o el martirio. A nosotros nos toca elegir. A nosotros nos toca escoger entre la cuerda y la cruz. A nos nosotros nos toca, frente al árbol, optar por colgarnos de él, en un orgullo último, o estar colgados de él, en un testimonio supremo de amor.

(Fabrice Hadjadj)

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