Quizá él también la conoció…

 

La belleza del mundo sobrepasó aquella noche su cota más alta, hasta tal punto que nadie pudiera dejar de reparar ni de pensar en ella. Semejante triunfo de la belleza sólo se manifiesta cuando, además de algún observador ocioso que se detiene impresionado ante el cuadro que se despliega ante sus ojos, también el obrero que acaba de terminar su jornada y el caminante con los pies llagados abarcan lentamente con la mirada la tierra y el cielo, olvidándose del cansancio. 
En momentos como aquél el hombre percibe la luz, el espacio, el susurro, el silencio, los olores dulces y las caricias de la hierba y las hojas en su hermoso conjunto… Aquella belleza, la auténtica belleza, sólo quiere transmitir al hombre un mensaje: la vida es un bien.

(Por una causa justa, V. Grossman)

Quizá este ateo y comunista, escritor especializado en retratar las barbaridades de la guerra, tuvo en algún momento de su vida, un encuentro con la luz que brota de la figura de María…

Quizás, ayer como hoy, la figura de la Madre Buena es el camino de encuentro más amable para el hombre y Dios…

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