¿Lo más peligroso del pecado? El poso de desconfianza que deja.

Decía Abelardo de Armas, que “los más peligroso del pecado, es el poso de desconfianza que deja”. Efectivamente. La conversión cristiana del corazón consiste en creer en el amor de Dios por encima de todo.

En una ocasión, S. Francisco de Asís se encontró con un lugareño, y éste, admirado por la santidad del pobre de Asís, le preguntó: “Hermano Franciso, ¿yo también puedo ser santo?”

Y Francisco, mirándole con ternura le contestó: “Por supuesto que sí. Cree que Dios te ama, y esto transformará tu corazón”. Y siendo esto real, no lo es menos la dificultad y el rechazo que sufre el hombre hacia el amor gratuito y misericordioso de Dios.

El olfato de los santos así lo afirma. Los amigos fuertes de Dios, marcan el camino. Hoy, 15 de octubre, Santa Teresa de Jesús dirá: “Oración es tratar a solas, durante largo tiempo, con Quien sabemos nos ama”.

Alas desplegadas a la confianza, disco rojo al desaliento. El hombre no tiene derecho a cansarse de estar comenzando siempre, porque Dios no se cansa nunca de estar perdonando siempre… Tener la valentía de volver a la Iglesia, de volver a Dios.

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