Unidos en la diversidad. Yo soy laico (en marcha…)

Diversidad de funciones.

Los miembros de la Iglesia juegan, pues, papeles distintos, ejercen diversas funciones. El Vaticano II te ayuda a distinguirlos con claridad y precisión. Cada miembro debe desempeñar su papel sin interferir a los demás.

La vida consagrada, por otra parte, difiere también de la laical. Lo esencial en el seglar: hacer presente el Evangelio en la vida profana. Lo propio del consagrado, aunque esté en el mundo y permanezca laico, además de esto, es principalmente dar testimonio de la vida del Espíritu en sí mismo, manifestar su esplendor y fecundidad, «tender a la santidad por un camino más estrecho y estimular con su ejemplo a los hermanos».

Razón: Dios continúa enseñando, santificando y rigiendo a los hombres a través de ella. La vida religiosa o laical no florecería si no hubiese sacramentos y, por tanto, sacerdotes. El papel de los seglares es hacer presente el Evangelio en todos los sectores de la vida profana, «en los lugares y condiciones donde la Iglesia no puede ser sal de la tierra si no es a través de ellos». Es ser evangelios abiertos para sus hermanos. La tarea sublime del laicado es crear y multiplicar familias cristianas, evangelizar las profesiones, el trabajo, la amistad. ¡Bello panorama! Infundir savia cristiana en todas las estructuras de la sociedad terrestre: cultura, economía, política. Es su «campo propio: la consagración del mundo desde dentro», que los consagrados fuera del mundo deben respetar, pues «no sería justo que los religiosos entrasen en él».

¿Qué pasaría en un partido de fútbol si el portero actuara de delantero, o en una empresa si el recién llegado hiciese de gerente? En esa variedad de funciones, cada bautizado tiene su propio puesto. El laico, por tanto, aunque no sea sacerdote ni religioso, ocupa un lugar estratégico. No es tejido amorfo. Es célula viva de la Iglesia. La hace presente allí donde ni el clérigo ni el religioso pueden ni deben llegar.

El papel de la Jerarquía es esencial, constitutivo de la Iglesia. Sin Jerarquía, no hay Iglesia.

El papel de la vida consagrada, dentro o fuera del mundo, difiere de la función de los sacerdotes y seglares no consagrados. La función del sacerdote es instrumental. Es indispensable para que la vida divina pueda fecundar a los hombres. La función del consagrado es, en cambio, manifestar en su conducta con plenitud esa Vida Divina y dar testimonio de su fecundidad. Es revelar el dinamismo maravilloso de la gracia de Cristo y de los sacramentos que Él comunica. Es vivir la plenitud de la caridad, cuya floración es la observancia de los consejos evangélicos. La vida sacerdotal es causa eficiente, transmisora de la gracia, mientras que la vida consagrada es causa final, expresión plena y visible de esa gracia.

(P. Tomás Morales, S.J. Hora de los laicos)

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