Abrazo a la Vida. Abrazo de la Vida

de Oscar Wilde. Desde la cárcel, habiendo perdido toda dignidad. Grito lanzado desde la profundidad del corazón humano herido por el dolor, por los amores que ocultan el Amor. Un grito sosegado, domado por el sufrimiento, y el Sentido que se descubre tras él, y que se abre al Amor. Un corazón herido que abraza la Vida, y una Vida que abraza el sufrimiento humano, Vida que brota del mismo Corazón de Cristo.

Allí donde hay Dolor hay terreno sagrado. Algún día te darás cuenta de lo que esto significa. Hasta entonces no sabrás nada de la vida.

Cuando la Sabiduría me ha sido improvechosa, y la Filosofía estéril, y los proverbios y frases de los que pretendían darme consuelo han sido como polvo y cenizas en mi boca, la memoria de aquel pequeño gesto humilde y silencioso de Amor ha abierto para mí todos los pozos de la piedad, ha hecho al desierto florecer como una rosa, y me ha llevado de la amargura del exilio solitario a la armonía con el Corazón herido, roto y grande del mundo.

El deseo, al final, era una enfermedad, o una locura, o ambas cosas. Me hice desatento a las vidas de los demás. Tomaba el placer donde me placía, y seguía de largo. Olvidé que cada pequeña acción de cada día hace o desahace mi carácter, y que por lo tanto lo que uno ha hecho en la cámara secreta lo tiene que vocear un día desde los tejados. Dejé de ser señor de mí mismo. Ya no era el capitán de mi alma, y no lo sabía.

Pero, aunque a veces me regocijara en la idea de que mis sufrimientos fueran interminables, no podía soportar que no tuvieran sentido. Ahora encuentro escondido en mi naturaleza algo que me dice que no hay nada en el mundo que carezca de sentido, y el sufrimiento menos que nada. Ese algo escondido en mi naturaleza, como un tesoro en un campo, es la Humildad.

Es lo último que me queda, y lo mejor: el descubrimiento final al que he llegado; el punto de partida de un nuevo derrotero. Me ha venido de dentro de mí mismo, y por eso sé que ha venido cuando debía. No podría haber venido ni antes ni después. Si alguien me lo hubiera dicho, lo habría rechazado. Si me lo hubieran traído, lo habría rehusado. Quiero conservarlo. Tengo que conservarlo. Es la única certeza que funda mi vida ahora, la verdadera Vida. Deseo abrazar la Nueva Vida que se me ofrece. Pero esta nueva Vida, no se puede adquirir si no es cediendo todo lo que uno tiene. Únicamente cuando se ha perdido todo, se puede abrazar de veras esta Nueva Vida.

Pero no hay verdad comparable al Dolor. Hay momentos en que el Dolor parece ser la única verdad. Otras cosas podrán ser ilusorias… El Dolor no.

Las personas usan frases sin sabiduría, se habla a veces del sufrimiento como un misterio. La verdad es que el sufrimiento es una Verdad revelada, es una revelación. Se descubren cosas que uno nunca había descubierto. La historia entera se ve desde otra óptica. Lo que se había sentido oscuramente por instinto, aparece ahora con perfecta claridad de visión y absoluta intensidad de aprehensión.

El dolor, pues, y todo lo que enseña, es mi mundo nuevo. Yo vivía enteramente para el placer. Rehuía el dolor y el sufrimiento de cualquier clase. Los detestaba. Estaba resuelto a no verlos en lo posible, es decir, a tratarlos como modos de imperfección. No eran parte de mi plan de vida. No tenían sitio en mi filosofía.

Ahora en cambio,  me parece que el Amor de alguna clase es la única explicación posible de la extraordinaria cantidad de sufrimiento que hay en el mundo. No concibo otra explicación. Estoy convencido de que no la hay, y de que si se ha construido mundos con el Dolor, ha sido por las manos del Amor, porque de ninguna otra manera podía el Alma del hombre para quien se han hecho los mundos, alcanzar la plena estatura de su perfección. Placer para el cuerpo hermoso, pero Dolor para el Alma hermosa.

Lo más terrible no es que se rompa el corazón -los corazones están hechos para romperse, para ser traspasados como el Corazón de Cristo lo fue-, sino que se petrifique. El que está en estado de rebeldía no puede recibir la Gracia (por emplear la frase que tanto le gusta a la Iglesia, y con tanta razón me atrevo a decir, yo, no simpatizante suyo), porque en la vida, como en el Arte, el estado de rebeldía cierra los cauces del alma, y no deja entrar aires de cielo. Humildad y apertura al AMOR…

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