El hombre camina errante, aplastado por el peso del sufrimiento y el dolor.
Vive celularmente, pero muere decapitado por el tenso sufrimiento de una vida a la deriva, sin horizonte, sin sentido.
Ansía, intuye “algo mejor”. No acierta a encontrar… Le paraliza creer en cuentos de hadas, poner el corazón en algo que no exista… Pero la intuición a veces es más fuerte que la propia razón, al igual que unos prismáticos no anulan la vista, sino que la agudizan y la hacen llegar más allá de la capacidad humana, así la fe lleva la vida del hombre, al propio hombre, más allá del límite biológico. Puede entonces amar para toda la eternidad, descubrir en su sufrimiento un sentido que le trasciende…
Por eso, el encuentro fundamental y decisivo del hombre, no es con una ideología, sino con una Persona: Cristo, Aquél que resucitó para darle a cada hombre la posibilidad de vivir para siempre…
Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.Me conduces tras de Ti
por verdes alturas
hacia fuentes tranquilas, allí
donde reposo yo encontraré
donde el agua es más pura.Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.Si entre las tinieblas voyde un abismo oscuronada malo yo temo porqueTú me sostienes, Contigo hallarésiempre un camino seguro.Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.Ante mí la mesa queTú me has preparado.Rebosante mi cáliz estáde esa linfa de felicidadque por mí has derramado.Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.Siempre me acompañarán
siendo mi alegría
tu amor, gracia y fidelidad
en tu morada yo habitaré
hasta el final de mis días.
Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.
