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Abilio de Gregorio pone el dedo en una de las llagas de nuestro tiempo. Este artículo, sirve de presentación a una nueva sección de este pequeño Blog: Maestros.
El hombre de hoy no busca maestros, sino testigos. Pero, ¿y qué supone en la vida de un hombre el encontrarse con un maestro, que además es testigo? Estos encuentros, no muchos en la vida, abren caminos nuesvos a transitar. Y metas nuevas, que en realidad son las que hacen caminos para que alcanzarlas.
Es divertido constatar cómo nuestra cultura contemporánea, tan liberada de oscurantismos y de prejuicios atávicos, dice ella de sí misma, se nos ha ido llenando de jalones fetiches que marcan la ruta obligada de todo pensamiento que quiera circular con fluidez por la sociedad actual. Con unos cuántos calificativos-amuleto se puede vestir de sabio al amigo o de bufón al oponente para que sirva de befa y desprecio del respetable. Éste es el caso que ha de afrontar hoy, tiempos de pensamiento débil, toda persona que se muestre socialmente como una persona de convicciones. Lo aislarán tras la valla del fanatismo, de la intolerancia, del esencialismo, del integrismo, de hooligan, de esclavizado, para que no contagie, dicen, a la plácida parroquia del “democratismo” relativista con sus convicciones. Permítaseme explicarme con una anécdota, con pretensión de metáfora solamente, que es la que dio lugar no hace mucho tiempo a esta reflexión:
¿Qué es ser persona? ¿Cómo influye la técnica, el avance de la ciencia en el ser humano? ¿es indiferente? ¿es buena o mala?
La carrera por encontrar la Verdad y confrontarse con ella, ha tenido distintas etapas a lo larto de la historia de la humanidad. Habrá quien hoy afirme que ese camino ha sido ya recorrido, o quizá que incluso nos hemos pasado de la meta dejándola atrás…, superándola. Pareciera que lo importante es únicamente avanzar, aún desconociendo el sentido. Avanzar, como náufragos a la deriva, con un horizonte tan amplio, que lleva a vivir sin el horizonte de la esperanza.
Ser joven y cristiano no es fácil hoy. No creo que nunca lo haya sido pero, si cabe, en nuestros días es especialmente complicado. Y si uno ha de ser además un cristiano activo -no sé si se puede ser en verdad cristiano pasivo-, entonces la dificultad se convierte en una auténtica aventura.
Y es que hoy en día ser cristiano es una opción auténticamente contracultural. Cuando el consumismo está siendo el motor de la vida económica y desde la publicidad nos bombardea un estilo de vida blandengue y facilón. Cuando desde las instancias educativas se impulsa una visión y una viviencia de la sexualidad sin límites ni criterios morales. Cuando los políticos legislan leyes que atentan contra la vida y la dignidad de las personas… entonces pensar y vivir como cristiano es lo más políticamente incorrecto que uno puede imaginarse.
Precisamente a ir contracorriente nos han enseñado siempre los santos. Y esa ha sido la divisa del Padre Morales y de Abelardo, fundadores de este pequeño grupo apostólico que es la Milicia de Santa María. Espíritu combativo para vivir en el mundo…