Para Dios todo es posible. Este pensamiento es mi divisa en el sentido más profundo del término, y ha llegado a alcanzar para mí una importancia que jamás habría supuesto. Ni por un instante me permitiría la osadía de imaginarme que, cuando no veo ninguna salida, es que tampoco la hay para Dios. Y es que confundir nuestra miserable fantasía y otras cosas semejantes con la posibilidad de que Dios dispone, es el efecto de la soberbia y la desesperación.
Figuraos a un hombre que, con toda la pujanza de su fantasía sobresaltada se imagina algo inaudito, terrible, tan terrible que resulta imposible imaginarlo. Y que, de repente, eso mismo tan terrible le sale al paso, se convierte en realidad. Con arreglo al juicio humano, la pérdida de este hombre es inevitable. Sin embargo, para Dios todo es posible. En eso consiste la lucha de la fe: la lucha insensata por lo posible. Pues sólo lo posible abre la vía de la salvación.
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Abusus non tollit usum.
“Abusus non tollit usum”, el abuso no invalida el uso.
Pensar que la religión es algo nocivo para el ser humano, por los desastres que alrededor de ella se han dado a lo largo de la historia, es tan ridículo como declararse en huelga de hambre, por una mala digestión de un amigo.
¿Le es posible al hombre sobrevivir sin alimentarse? ¿Puede vivir plenamente sin responder las preguntas más íntimas que brotan del fondo de su corazón?
Aunque es cierto que hay cosas que resultan ridículas, y llenan portadas de periódicos, otras no son menos ridículas, y desnortan al hombre llevándole al vacío y sin-sentido del nihilismo.
Relativismo, Logos y Verdad. Ratzinger y de Aquino.
1. El desafío del relativismo.
El Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, ha caracterizado al relativismo como el desafío más grande para la cultura actual, como el “problema central para la fe en nuestra época”, el “nuevo rostro de la intolerancia”, y ha hablado incluso del peligro de una “dictadura del relativismo”. Dichas expresiones no son sino la contracara de su afirmación de la importancia y actualidad de la pregunta por la Verdad como fundamento de la vida del hombre, “capaz de verdad”, y de la sociedad humana en todas las dimensiones de su realización.
Dentro de la noción de relativismo a que hace referencia el actual Pontífice, pueden distinguirse diversas formas: un sentido gnoseológico o metafísico, un sentido ético o político-social y un sentido teológico. En el primer caso, se trataría de dejar entre paréntesis la cuestión acerca del fundamento y el fin de la realidad, p.ej. en razón de la pretensión de exclusividad de un determinado método de conocimiento, como el propio de las ciencias experimentales positivas, lo que conduciría a no reconocer otra forma de racionalidad más que la instrumental. En esta perspectiva, la realidad es concebida a menudo como carente de racionalidad intrínseca y como producto del azar a partir de un caos inicial. La verdad como realidad accesible y vinculante para todos los hombres no existiría, o bien todas las opiniones serían verdaderas, aunque fueran contrapuestas. En el campo moral o ético-social, J. Ratzinger hace referencia a una concepción individualista del yo y de la conciencia que conduce a ver el consenso como la única fuente posible de derecho. Ante la carencia de criterios de verdad y de valor, tiende a imponerse como criterio único y supremo el de la “factibilidad”, es decir, la capacidad técnica del hombre de producir algo independientemente de sus implicancias morales.5 En lo teológico, por último, se han dado manifestaciones de relativismo en el campo de las teorías pluralistas de las religiones, concibiéndose a éstas como manifestaciones fundamentalmente parciales y equivalentes de lo divino.
Respecto de la primera forma de relativismo, J. Ratzinger ha afirmado la importancia de recuperar una noción no reductiva de racionalidad y formulado un llamado a la ampliación de la razón instrumental moderna, de modo que sea capaz de plantearse las cuestiones últimas y de entrar en un diálogo fecundo con la filosofía y con la fe. En cuanto al relativismo en el campo moral y ético social, expresa la necesidad de superar una concepción puramente individualista y subjetiva de la libertad, incluyendo las libertades de los demás, así como los contenidos de bien y de verdad, destacando la existencia de un fundamento no-relativista, pre-político, es decir previo a todo consenso humano, de la cultura y la sociedad democrática. En lo que hace al relativismo en el campo de la teología de las religiones, ha esclarecido los presupuestos filosóficos presentes en algunas de dichas teorías, subrayando la peculiaridad del cristianismo en la historia de las religiones, así como la necesidad de un discernimiento propiamente teológico del tema, desde el contenido de la revelación.
Educación para la ciudadanía y el mínimo común ético.
Según Educación para la Ciudadanía, el “mínimo común ético” que se quiere imponer se fundamenta en los derechos humanos, pero, atención, en “los derechos humanos en su carácter histórico y cambiante”. Y ¿en función de qué cambian? En función del consenso social.
Se dice en este caso que el “mínimo común ético” se fabrica, no se descubre. Se construye con el “diálogo” y el “consenso”. De manera, que el uso de la razón y la referencia a las exigencias propias de la naturaleza humana son desplazados por el culto irracional a la voluntad de la mayoría.
Resulta difícil defender la existencia de los derechos humanos sin que tengan un fundamento objetivo, pues si no existe un “por qué”, todo queda en manos del consenso político, de los intereses de distintos grupos o ideologías -en el fondo, de los más fuertes-. Y si todo depende de los intereses o de los deseos de unos cuantes, ¿sigue teniendo sentido hablar de derechos humanos?
Cuando no hay un fundamento objetivo todo es susceptible de cambiar según por dónde soplen los vientos. Las grandes decisiones morales del hombre se subordinan al voto de la mayoría. Sigue leyendo
Su misión era otra.
La matanza en la iglesia nigeriana de Santa Teresa pudo haber sido mucho mayor sin la valerosa intervención del sacerdote. Aún así, el brutal atentado islamista causó 44 muertos
Imagen de la Piedad, aún salpicada con gotas de sanre, tras el ataqeu a la iglesia de Medalla, en el centro de NigeriaSolo. En silencio. Ajeno a las miradas inquisitorias de la cámara, el pequeño nigeriano raspa con fuerza el barniz del frío mármol. Pese a su fe ciega, los esfuerzos son en vano: el esmalte encarnado aún continúa indeleble en la blanca figura. Tras unos minutos, la criatura —no mayor de seis años— ceja en su esfuerzo. Por su gesto, los dedos deben de estar aún doloridos.
Desde la pasada Navidad, el páramo de la iglesia de Santa Teresa de Madalla —una pequeña localidad situada 60 kilómetros de la capital nigeriana, Abuja— es pasto habitual del juego de los chiquillos locales. Los entretenimientos no son menores: agujeros infinitos, figuras enormes o simple curiosidad ante lo inmenso de las instalaciones.
Pese a lo ruidoso de sus actos, nadie muestra su desaprobación. Sobre todo, porque a cada nueva risa, el infierno queda más lejos. En este mismo lugar, el pasado 25 de diciembre, un atentado de la milicia islamista de Boko Haram se cobraba la vida de al menos 44 personas y dejaba más de un centenar de heridos. La Piedad (y su frío mármol) continúa aún ensangrentada. «Eran cerca de las 8 de la mañana», recuerda a ABC el reverendo Isaac Achi, párroco del templo. «Nada más terminar la tradicional misa de Navidad, los fieles comenzaron a salir del templo. Fue entonces cuando un coche bomba hizo explosión».
Quizá él también la conoció…
La belleza del mundo sobrepasó aquella noche su cota más alta, hasta tal punto que nadie pudiera dejar de reparar ni de pensar en ella. Semejante triunfo de la belleza sólo se manifiesta cuando, además de algún observador ocioso que se detiene impresionado ante el cuadro que se despliega ante sus ojos, también el obrero que acaba de terminar su jornada y el caminante con los pies llagados abarcan lentamente con la mirada la tierra y el cielo, olvidándose del cansancio. En momentos como aquél el hombre percibe la luz, el espacio, el susurro, el silencio, los olores dulces y las caricias de la hierba y las hojas en su hermoso conjunto… Aquella belleza, la auténtica belleza, sólo quiere transmitir al hombre un mensaje: la vida es un bien.
(Por una causa justa, V. Grossman)
Ateo, prostituta, marxista, científico, banquero, punki, narco, escritor, masón, top model… esto te interesa.
Pincha si te atreves…
Si sobrevives, recuerda que te amo.
Madre, en el aniversario del nacimiento a la Vida del padre Morales, S.J., sigue cuidando a tu Cruzada de Santa María. Confiada en tu amor para con ella, camina hacia el futuro llena de esperanza y paz. Totus tuus…
Ésta es la historia del sacrificio de una madre durante el Terremoto de Japón.
Después del Terremoto, cuando los rescatistas comenzaron a buscar supervivientes entre las ruinas de la casa de una mujer joven, vieron su cuerpo por uno de los orificios de las ruinas de la casa.
Les pareció extraña la postura del cuerpo, estaba sobre sus rodillas y su cuerpo hacia adelante como cuando una persona se arrodilla para adorar, con el rostro hacia el suelo; su cuerpo estaba inclinado hacia adelante y sus manos estaban sujetas a algún objeto. El peso de la casa quebró su espalda y su cuello. Con mucha dificultad el líder del equipo de rescate puso sus manos y brazos para ver si la mujer aún estaba con vida. Pero la dureza del cuerpo y la temperatura del mismo cuerpo anunciaban que la mujer había muerto. El tenía la esperanza que la mujer aún estaría con vida. Él y su equipo salieron de las ruinas de la casa para seguir su trabajo en búsqueda de víctimas.
Por alguna razón, el líder del equipo sintió una necesidad enorme de regresar a donde el cuerpo de la mujer se encontraba. Una vez mas se arrodilló, y puso sus manos en la espacio que les permitía alcanzar el cuerpo y decidió revisar debajo del cuerpo sin vida. Instantáneamente empezó a gritar, “¡Un Niño! ¡Hay un niño aquí!”
El señuelo de la excelencia educativa.
Magnífico artículo de Abilio de Gregorio, maestro de maestros. No os lo perdáis.
Son muchos los centros escolares que, ante el período de nuevas matriculaciones, hacen pública su oferta poniendo de relieve su culto a la excelencia educativa. Sin embargo, tal como están las actuales vigencias de pensamiento, exhibir la escarapela de la excelencia supone levantar en ciertos ambientes sospechas de elitismo, de competitividad, de insensibilidad social, de servilismo capitalista y otras lindezas.
Se hace uso inconsciente de ese resentimiento moral de la zorra de la fábula de Esopo ante las uvas: ”¡están verdes!”. Es este el mismo empeño deconstructor y el mismo mecanismo reduccionista que ya denunciaba A. Finkielkraut en “La derrota del pensamiento” al poner de relieve el imperio del relativismo que reduce la cultura a folklore.
Efectivamente, si entendemos la cultura como cultivo del espíritu, tal como la define la modernidad, habrá que aceptar que hay cultivos más elaborados que otros y habrá sujetos, individuos o colectividades, más cultivados que otros y habrá sujetos que, lejos de ocuparse del cultivo del espíritu, se han preocupado sólo de dar respuestas a las pulsiones más primarias y elementales de la naturaleza humana.
Carta de unos presos, tras participar en la JMJ.
Los diez reclusos que acudieron a Madrid aseguran que “no son los mismos” tras la experiencia.
Una peregrinación compuesta de 20 personas, entre ellos, 10 presos y presas de la cárcel de Martutene, acudió a la Jornada Mundial de la Juventud. Desde la prisión, los reclusos nos han enviado una carta en la que agradecen la posibilidad de haber podido vivir una experiencia que, aseguran, “les ha cambiado”.
El 26 de septiembre de 2010, acompañados por nuestro Obispo, acogimos en el Centro Penitenciario de Martutene, la Cruz y el Icono de la JMJ.
En la homilía D. José Ignacio, invitó a la Pastoral Penitenciaria a organizar una peregrinación a la JMJ con aquellos internos que quisieran y pudieran asistir. En ese momento, nos pareció un sueño inalcanzable y lejano. Pero Dios hace posible lo imposible, y con la ayuda del Obispo y las facilidades de la Dirección del Centro Penitenciario, el 20 de agosto salió para Madrid un autobús con 20 peregrinos, 10 de ellos internos/as.
En el autobús, expectantes e ilusionados, después de rezar las laudes y de encomendarnos a María, recibimos las credenciales para asistir al encuentro: sentimos que por unos días no íbamos a ser considerados comos presos sino como unos peregrinos más, llenos de fe en Cristo y ansiosos por ver y escuchar al Papa Benedicto XVI.


