P. Eduardo Laforet Dorda (1957 – 1984)
El misionero de la Cruz es aquél que sabe descubrir el valor del sufrimiento y transformarlo en oración, repitiendo constantemente en su corazón: “Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores”.
El fin que se propone el misionero de la Cruz es la propia santificación en la salvación de las almas permaneciendo con María, la Madre de Jesús, al pie de la Cruz.
El padre Eduardo Laforet firmó estas reglas ante el sepulcro de San Juan de la Cruz el 24 de agosto de 1984. Este entrañable libro realizado por varios Cruzados de Santa María, relata la corta de vida de un joven sacerdote Cruzado, que ofreció su vida por la vida del Papa el día del atentado en la plaza de San Pedro.
Su ofrenda fue aceptada, primero en el día a día cotidiano en el que se entreteje la santidad que Dios espera de cualquier bautizado, y tiempo más tarde, mediante una enfermedad que purificó su vida hasta poder escribirse a sí mismo, poniendo su experiencia personal en carta de San Francisco de Asís a él: “La aceptación de Dios por nuestra parte es lo único que nos queda que hacer. Es preciso que no guardes nada de ti mismo, aun esa percepción aguda de tu miseria; deja sitio libre. Acepta ser pobre. Renuncia a todo, aun al peso de tus faltas. No veas más que la gloria de Dios y déjate irradiar por ella. DIOS ES, eso basta. Cambia tu deseo de perfección en un simple y puro querer a Dios y todo lo que Él hace…”
Libro original que recorre su vida, y su itinerario interior. Se recoge material inédito, cartas de ida y vuelta a sus amigos los santos. Invitación a dar gracias a Dios por el don que nos hace en los sacerdotes, en este año de gracia dedicado al Sacerdocio.
A Dios sean dadas gracias, por el testimonio de este Cruzado, hijo de la Iglesia, que unido íntimamente al Papa, fue transformado en un sacerdote de Jesucristo: víctima y misionero de la Cruz.