Gran Vigilia JMJ en Cuatro Vientos.

La Cruzada – Milicia estuvo ahí, muy cerca del Papa, siendo un solo corazón con él ante el Corazón de Cristo expuesto en la Eucaristía, siendo testigos del amor de Dios hacia la juventud, de su llamada a una santidad sin límites.

Obediencia filial a la Iglesia, vibrando en la comunión. ¡Totus tuus, Madre de Dios!

Carta de unos presos, tras participar en la JMJ.

Los diez reclusos que acudieron a Madrid aseguran que “no son los mismos” tras la experiencia.

Una peregrinación compuesta de 20 personas, entre ellos, 10 presos y presas de la cárcel de Martutene, acudió a la Jornada Mundial de la Juventud. Desde la prisión, los reclusos nos han enviado una carta en la que agradecen la posibilidad de haber podido vivir una experiencia que, aseguran, “les ha cambiado”. 

El 26 de septiembre de 2010, acompañados por nuestro Obispo, acogimos en el Centro Penitenciario de Martutene, la Cruz y el Icono de la JMJ.

En la homilía D. José Ignacio, invitó a la Pastoral Penitenciaria a organizar una peregrinación a la JMJ con aquellos internos que quisieran y pudieran asistir. En ese momento, nos pareció un sueño inalcanzable y lejano. Pero Dios hace posible lo imposible, y con la ayuda del Obispo y las facilidades de la Dirección del Centro Penitenciario, el 20 de agosto salió para Madrid un autobús con 20 peregrinos, 10 de ellos internos/as.

En el autobús, expectantes e ilusionados, después de rezar las laudes y de encomendarnos a María, recibimos las credenciales para asistir al encuentro: sentimos que por unos días no íbamos a ser considerados comos presos sino como unos peregrinos más, llenos de fe en Cristo y ansiosos por ver y escuchar al Papa Benedicto XVI.

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Un padre se preocupa por sus hijos.

Después del diluvio caído durante la vigilia del sábado, en la que tanto el Papa como los peregrinos terminaron calados, al día siguiente, en el saludo, en Santo Padre llevaba una preocupación que posiblemente no le dejó dormir.

Un padre, se preocupa por sus hijos…

España descubre su identidad, por medio de la felicidad de unos jóvenes.

No es típico encontrar en este blog material que enerve, sino más bien, sustancia que invita a la reflexión y a la interiorización, a la búsqueda de la Verdad.

Si el siguiente artículo del ABC aparece a continuación en esta ventana hacia el interior, no es por tanto para hablar de los buenos y de los malos, de los nuestros y de los otros…, sino como ofrecer una evidencia más, a toda persona de buena voluntad, que busca con sinceridad la Bondad en los acontecimientos de la vida. La búsqueda de unidad es signo de buscar la Verdad, y no la verdad de unos o de otros.

La verdadera intención que mueve a incluir este testimonio, es tener un reflejo de lo que muchas personas no participantes de manera activa en la JMJ, han visto impactadas por televisión o medios de comuncación.

Por una parte, la de una minoría que empuja a toda una sociedad al rechazo de la Iglesia, de Cristo. Esta minoría, por medio de sloganes agresivos, y recurriendo a la fuerza no sólo de la palabra, por un tiempo han movido a muchos a quitar crucifijos de clases, cerrar hogares juveniles católicos, y acotar la religión al ámbito privado (como los virus o las plagas) evitando la presencia pública.

Por otra parte, en Madrid este agosto pasado se ha visto una juventud alegre, dispuesta a asumir grandes esfuerzos, realizar grandes entregas con una sonrisa… Capaces de recurrir a los cánticos para expresar su vitalidad, y capaces también de permanecer en silencio más de 10 minutos adorando la Eucaristía en Cuatro Vientos (1 500 000 de jóvenes en silencio de rodillas amando durante la Vigilia, después de una tormenta de verano…)

Leía el otro día, que una joven, no especialmente cercana a la Iglesia, que participó de rebote en la JMJ, al volver a casa y contar su experiencia, lo único que pudo decir fue: “la gente estaba tan contenta en un botellón, pero sin una gota de alcohol… Además a ellos les duraba más la felicidad… ¿De dónde les viene la felicidad a los cristianos?” Confundida, se interroga por lo fundamental de la vida, y como muchos, al ver la evidencia de la realidad, se siente atraída hacia lo Bello, lo Bueno, lo Justo, Cristo. Tanta alegría, durante tantos días, en tanta gente, y sin ningún coma etílico (según el responsable del Samur), habla de una manera distinta, y posible de ser joven.

Muchos jóvenes, y no tan jóvenes, están cansados de vivir engañados y privados de la verdadera felicidad. Tras un acontecimiento como la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011, en España se ha removido algo en el fondo del corazón de la sociedad… Y esto, porque la sociedad no es un ente que tenga vida propia, sino un conjunto de personas con conciencia, corazón y libertad. Cada persona es un alma…, y el alma fue creada para el amor, y no la violencia o ideología.

La cacería del peregrino. JMJ: evidencia para muchos.

A continuación se recoge el testimonio de un periodista que cubrió el evento de la marcha anti-Papa durante la JMJ. La invitación no es etiquetar buenos y malos. Es a reflexionar sobre el odio y la ideología que impide ver en el otro a una persona, y la evidencia del perdón (actitud nacida en el cristianismo) como destello de Verdad. 

¡España, Europa, recupera tus raíces cristianas! ¡Sé tú misma!

Cuando tengo que ocuparme de informar sobre manifestaciones acudo con mucha antelación para empaparme del ambiente. El miércoles no fue una excepción. Cogí el Metro. Y vi un Metro tomado por jóvenes, muy jóvenes. Y vi un ambiente festivo, desde Cibeles hasta Sol. Madrid era peregrino y multicolor. Pasé por el kilómetro 0 y vi una plaza repleta de peregrinos-turistas. Y me acerqué hasta Tirso de Molina, lugar de donde arrancaba la manifestación laica, anti Papa y, por lo que se vio, anti peregrinos.

Inicialmente el despliegue policial era discreto, quizá demasiado. Apenas una veintena de agentes de las Unidades de Intervención Policial acompañaba a la cabecera de la manifestación. Y, como era de esperar, el punto caliente fue Sol, con la llegada de los manifestantes al cruce con la calle Carretas. La Policía había abierto un pasillo de anchura suficiente para que la manifestación atravesara la zona. Fue allí donde los más radicales de la manifestación y los peregrinos cruzaron gritos: «Pederastas», «nazis» e «hijos de puta» era contestado por los pocos jóvenes que había en la zona con gritos a favor del Papa. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

La Policía puso un leve cordón de separación en esa esquina, pero poco más. Y los manifestantes iban ganando metros. Su intención era clara. Los más radicales querían tomar la plaza. «Ésta es nuestra plaza» y gritos de «fuera, fuera; menos rezar y más follar». El tono fue adquiriendo un aire amenazador tremendo. Las caras de los radicales estaban completamente desencajadas, fuera de sí. Había a quien la vena del cuello ya no se le podía agrandar más. Llevo más de 20 años haciendo información sobre seguridad y terrorismo, pero hacía muchos años que no veía tanta inyección de sangre en ojos de manifestantes. No eran todos, ni mucho menos, pero algunos daban miedo. Muchos estaban fuera de sí. «Os vamos a quemar como en el 36», gritaban a los jóvenes de la JMJ. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

En el esquinazo de la polémica no habría más de un centenar de peregrinos. No era para nada una contramanifestación. No ocupaban la zona por la que tenía que atravesar la marcha laica. Esos peregrinos eran extranjeros. Allí había italianos, belgas, australianos, franceses, egipcios… Y algún español, sobre todo voluntarios. La media de edad, menos de 18 años. Que nadie me lo cuenta, que estaba allí y lo vi en primera persona.

El Ministerio del Interior ya estaba avisado de que era una zona de riesgo, que no era recomendable autorizar esa marcha y menos por ese recorrido. Los informes apuntaban a que podía haber una importante infiltración de radicales en la manifestación de laicos.

Porque, eso sí, el grupo de radicales, violentos, que se comportaron como energúmenos, no superaría el millar en una marcha que congregó a varios miles de asistentes. La visceralidad de los ataques de esos radicales fue intensa. Poco a poco fueron tomando la Puerta del Sol. Bordearon el cordón policial por derecha y por izquierda. La siguiente maniobra, ante la inicial pasividad de los agentes, fue rodear a los pequeños grupos de peregrinos y, mediante empujones, gritos, insultos y patadas, sacarlos de la plaza. También tuve que sufrir esos empujones y patadas. Peregrinos, periodistas… qué más les daba, la plaza tenía que ser suya. Sobrábamos los demás. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

Primero actuaron contra un grupo de apenas media docena de australianos. Después les tocó a los franceses. Los italianos no se quedaron al margen. A los egipcios también les tocó.

Algunos peregrinos, veteranos, hacían frente a los insultos de los autodefinidos como indignados, que buscaban el cuerpo a cuerpo. Y así, al grito de «ésta es nuestra plaza», los radicales que participaron en la manifestación ocuparon de nuevo la Puerta del Sol. Durante estas maniobras de desalojo de peregrinos la pasividad policial fue total. No pude evitarlo. Ya al cuarto incidente de acoso, hostigamiento y empujones contra peregrinos me acerqué a los policías, que permanecían en los alrededores del edificio de la Comunidad de Madrid, para advertir de que la situación estaba tomando un sesgo extremadamente peligroso. Silencio. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

Una vez expulsados de la plaza, los radicales dirigieron sus esfuerzos a controlar el Metro. Por allí salían decenas de jóvenes peregrinos que se dirigían a cenar. No menos de 500 personas se concentraron en la puerta del suburbano. Allí se montó la mundial. Este grupo, de nuevo incontrolado, comenzó a arremeter contra todos los peregrinos. Insultos, coacciones (ya sabéis, eso de gritarte a la cara a menos de 15 centímetros), escupitajos… La escena era dantesca. Auténticos cafres lanzando gritos y amenazas a los jóvenes (por cierto, la mayoría mujeres) que salían del Metro.

Vi mucho pánico en los ojos de los peregrinos y vi a muchas, digo bien, a muchas que al ver el espectáculo rompieron a llorar de puro miedo. Aún tardó la Policía en llegar a la zona. Abrió un pasillo para que los peregrinos salieran de Sol. Los radicales eran los dueños del kilómetro 0. Se envalentonaron más y arremetieron contra la Policía. Y un radical con numerosos antecedentes dio el pistoletazo de salida a los incidentes.

Una botella contra los agentes y la Policía cargó. Antes, las mochilas naranjas, los crucifijos y hasta los alzacuellos eran una «provocación» para esos radicales. «Es que nos están provocando», «es que están rezando», se justificaba uno de los empujadores profesionales. Y se me ocurrió preguntar por qué les provocaban. «Porque están aquí, porque existen, porque les vamos a prender fuego otra vez, como en el 36». Madrid era hasta ahora una ciudad donde cabían todos los pensamientos. En Sol, eso se acabó.

(Jueves, 18 de agosto de 2011, FERNANDO LÁZARO | Testigo directo, ABC.)

El Papa pedirá a los jóvenes “generosidad sin límites”.

Desde aquellas maravillosas jornadas en Sidney, hace tres años,Benedicto XVI se ha preparado para la nueva cita con los jóvenes en Madrid. En la tranquilidad de Castel Gandolfo, acaba de terminar los 14 saludos, homilías y discursos que pronunciará en esta JMJ. Cada palabra está medida. Cada frase tiene un sentido. Su objetivo es llegar, uno a uno, al corazón de un millón de jóvenes.

El Papa prepara esta cita desde el 20 de julio de 2008, cuando clausuró la JMJ de Sidney y convocó a los jóvenes del mundo entero en Madrid. Y el Domingo de Ramos de 2009, en la Plaza de San Pedro, bendecía la entrega de la Cruz de la JMJ, que los jóvenes australianos ponían en manos de los españoles bajo la mirada sonriente de los cardenales de Sidney y Madrid.

Amar es renunciar

Benedicto XVI les invitó a dejar atrás una visión egoísta de la vida, «pues el amor significa renunciar a sí mismo, liberarse de uno mismo» para entregarse plenamente a otros en la vida matrimonial o en la vida consagrada. El Papa les animó a «no tener miedo ante las grandes decisiones que se toman una vez en la vida», pues «no existe una vida lograda sin que haya sacrificio». Y ésa va a ser la clave de sus mensajes. Benedicto XVI trata a los jóvenes como adultos y les plantea metas muy exigentes. Les invita a una generosidad extrema en la vida matrimonial —cada vez más sacrificada—, en la vida religiosa o en la sacerdotal. Les da la oportunidad de escapar de la cárcel del consumismo y del egoísmo para entrar en un mundo nuevo: el del servicio a los demás, que es la fuente de la alegría.

Jesús, amigo fiel

La JMJ «no es una simple reunión multitudinaria, sino una ocasión privilegiada para que los jóvenes de vuestro país y del mundo entero se dejen conquistar por el amor de Jesús, el amigo fiel».

Desde entonces, Benedicto XVI prepara su parte para ayudar a esa «conquista», de la que no quiere ser protagonista, pues las JMJ, como dijo en las Navidades de 2008, «no son una especie de festival rock con el Papa como super-star. El Papa no es la estrella en torno a la cual gira todo, sino tan sólo un delegado que apunta hacia Otro que está en medio de nosotros: Jesucristo».

Un largo camino

En su discurso navideño a la Curia, Benedicto XVI recordó que la JMJ«no consiste sólo en la semana visible a todo el mundo», sino que es «un largo camino exterior e interior que lleva hasta ahí».

La mayor parte de los chicos y chicas que están llegando a Madrid llevan uno o dos años de preparación interior, y están pasando estos días previos con otros jovenes y familias españolas en alguna de las diócesis de nuestro país.

Para cada participante, la JMJ es la ocasión de convivir durante dos o tres semanas con personas de carne y hueso, liberándose del mundo virtual y del monopolio de los «amigos» de internet para descubrir a personas reales, con otra cultura y otro idioma: un encuentro verdaderamente enriquecedor.

Gestos y palabras

Sobre ese terreno abonado, Benedicto XVI sembrará un mensaje dirigido tanto a ese millón de jóvenes como al mundo entero, y lo va a hacer con una estudiada combinación de gestos y de discursos.

Como vivimos en un civilización visual, el Papa comenzará sus actividades en Madrid cruzando la Puerta de Alcalá con cinco jóvenes de los cinco continentes y plantando allí mismo un olivo, símbolo de paz pero también de estar «enraizados en Cristo» como afirma el lema de esta JMJ.

Habrá «signos» visuales cada día, como el encuentro con 1.600 religiosas jóvenes y 1.500 jóvenes profesores en El Escorial el viernes. La alegría de estas chicas consagradas será el mejor testimonio del valor actual de la vida religiosa, mientras que el optimismo de los jóvenes profesores y profesoras dará testimonio de la complementariedad de la fe y la razón, al tiempo que revaloriza la gran tarea de educar.

Confesión y Eucaristía

El poderoso «signo» del sábado por la mañana será ir a confesar al Parque del Retiro; la primera vez que un Papa participa en la «Fiesta del Perdón», componente importantísimo de la JMJ. El «signo» de la tarde será la visita a los discapacitados físicos y psíquicos del Instituto San José, mientras que el de la noche será la adoración eucarística en silencio en el aeródromo de Cuatro Vientos.

El formato de la JMJ es una combinación irresistible de espiritualidad tradicional —catequesis, confesión, adoración silenciosa al Santísimo Sacramento— y de fiesta moderna —música, cine, gigantesco «sit-in» bajo las estrellas en Cuatro Vientos— en la que los participantes disfrutan como nunca lo han hecho en su vida y dan un ejemplo de civismo alegre al país anfitrión.

Escuchar a Jesucristo

Benedicto XVI les dirigirá en Madrid palabras similares a las de Colonia en la Jornada Mundial de 2005: «Quisiera decir a cada uno de vosotros: “Abrid vuestro corazón a Dios, dejaos sorprender por Cristo. Concededle el derecho a que os hable durante estos días”».

El Papa les explicará que «ser cristiano es algo hermoso» y que la Iglesia es el mejor lugar para descubrir «la misericordia de Dios y su ternura hacia las personas humanas». Les dirá que la Iglesia es «el mejor lugar para encontrar a Cristo» y, con Él, la verdadera felicidad en la forma de servicio generoso a los demás: al marido, a la esposa, a los hijos, a los miembros de la propia comunidad cristiana y de la propia sociedad, especialmente los más vulnerables.

El Papa les ayudará a descubrir «la unidad de la familia humana», por encima de naciones, lenguas y religiones, y les invitará a cuidar la naturaleza viéndola como «manifestación del Creador».

Benedicto XVI les desafiará a superar un relativismo paralizante que duda de todo y a sumarse al proyecto de construir la «civilización del amor».

(ABC, 14 de agosto de 2011)