A continuación se recoge una meditación sobre el misterio del sufrimiento, en la vida de Santa Teresita, la santa más grande de los tiempos modernos.
Una mujer, hija de la Iglesia, que creyó en el amor de Dios, y se fió audazmente de Él.
El pasado 1 de octubre, coincidiendo con el aniversario de la partida al cielo del padre Tomás Morales, S.J., la Iglesia universal celebraba la fiesta de esta santita, adalid y protectora de cada cruzado, y cada militante…
Pedimos desde este blog para todos sus lectores, la intercesión de esta Carmelita Descalza, para que nos desvele el amor providencial de Dios en cada una de las situaciones de sufrimiento que se pueden dar en nuestras vidas.
El final de este post, sorprendente, quizá sea iluminador…
La paciencia fue un factor importantísimo en la perfección de Teresa de Lisieux. Su humildad, su confianza y su amor, se perfeccionaron en la paciencia. En este punto, Teresa se amoldó perfectamente al plan de Dios. Es evidente que en el mundo actual, degenerado por el pecado, las penas que son secuela del mismo, tienen la misión, no solo de regenerar y salvar al hombre, sino de contribuir a su máximo perfeccionamiento. Esto es indudable. Dios ha escogido este mundo, en el orden providencial actual, para que el hombre se santifique a pesar de (¡y por medio de!) su miseria, y para ello la paciencia es un medio esencial. Siendo el sufrimiento consecuencia del pecado, (inevitable por lo tanto en la vida humana) la clave, el secreto de la perfección, consistirá en convertir el tal sufrimiento en medio de unión con Dios es decir, en motivación de amor. Ésta es la misión de la paciencia en el trabajo de la perfección y de la santidad.
Teresa del Niño Jesús lo comprendió y lo vivió maravillosamente. La paciencia es, a sus ojos, el mejor acto de amor; el amor en su forma más frecuente y más auténtica. Veamos qué piensa Teresa de esta virtud. Fácil nos será después comprender las características de su paciencia. Ante todo -y esto es esencial para comprender la paciencia de Teresa -, veamos cómo en cada sufrimiento se acrecienta su fe en el Amor Paternal de Dios. Su fe en ese Amor es tan firme y tan sencilla, que aún las pruebas más duras y penosas a la naturaleza, las considera como una forma, como una expresión del Amor. Todo sufrimiento es según la concepción que de él tiene Teresa, un mensajero del Amor de Dios, porque es manifestación de la voluntad divina, es decir: del Amor. Consecuente con esta idea, Teresa descubre, bajo la áspera corteza de la cruz, la realidad divina del Amor, y a El dirige su primera mirada, penetrante, profunda y clarividente. Teóloga por intuición, la Santa no razona; cree. Su mirada es la fe, iluminada por la caridad. ¡Y qué certera es esa mirada! Escuchémosla:
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