La lucha insensata por lo posible.

Para Dios todo es posible. Este pensamiento es mi divisa en el sentido más profundo del término, y ha llegado a alcanzar para mí una importancia que jamás habría supuesto. Ni por un instante me permitiría la osadía de imaginarme que, cuando no veo ninguna salida, es que tampoco la hay para Dios. Y es que confundir nuestra miserable fantasía  y otras cosas semejantes con la posibilidad de que Dios dispone, es el efecto de la soberbia y la desesperación.

Figuraos a un hombre que, con toda la pujanza de su fantasía  sobresaltada se imagina algo inaudito, terrible, tan terrible que resulta imposible imaginarlo. Y que, de repente, eso mismo tan terrible le sale al paso, se convierte en realidad. Con arreglo al juicio humano, la pérdida de este hombre es inevitable. Sin embargo, para Dios todo es posible. En eso consiste la lucha de la fe: la lucha insensata por lo posible. Pues sólo lo posible abre la vía de la salvación.

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Abusus non tollit usum.

“Abusus non tollit usum”, el abuso no invalida el uso. 

Pensar que la religión es algo nocivo para el ser humano, por los desastres que alrededor de ella se han dado a lo largo de la historia, es tan ridículo como declararse en huelga de hambre, por una mala digestión de un amigo.

¿Le es posible al hombre sobrevivir sin alimentarse? ¿Puede vivir plenamente sin responder las preguntas más íntimas que brotan del fondo de su corazón?

Aunque es cierto que hay cosas que resultan ridículas, y llenan portadas de periódicos, otras no son menos ridículas, y desnortan al hombre llevándole al vacío y sin-sentido del nihilismo.

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Quizá él también la conoció…

 

La belleza del mundo sobrepasó aquella noche su cota más alta, hasta tal punto que nadie pudiera dejar de reparar ni de pensar en ella. Semejante triunfo de la belleza sólo se manifiesta cuando, además de algún observador ocioso que se detiene impresionado ante el cuadro que se despliega ante sus ojos, también el obrero que acaba de terminar su jornada y el caminante con los pies llagados abarcan lentamente con la mirada la tierra y el cielo, olvidándose del cansancio. 
En momentos como aquél el hombre percibe la luz, el espacio, el susurro, el silencio, los olores dulces y las caricias de la hierba y las hojas en su hermoso conjunto… Aquella belleza, la auténtica belleza, sólo quiere transmitir al hombre un mensaje: la vida es un bien.

(Por una causa justa, V. Grossman)

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El hombre prudente y el hombre insensato.

“El hombre prudente que entiende y actúa coloca su fe dede el inicio en el lugar donde la verdad del Señor es al mismo tiempo humana y divina. Por medio de su acción, introduce la verdad divina en su ser hombre y muestra con esto que se somete a la verdad divina en su ser hombre y muestra con esto que se somete a la verdad de Dios, que es más grande.

El hombre insensato, por el contrario, separa su propia verdad humana de la verdad de Dios. Lo que Dios le comunica de su verdad no le parece vinculante. Como mucho recibe la palabra de Dios como una serie de instrucciones o reglas que pueden ser de interés para la configuración de su vida. Pero no piensa en dejarse interpelar por la palabra en el sentido de una entrega total de su vida a Dios.

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La fe: prismáticos de la razón.

La fe es la perla de razón. La fe hace ver a la razón más allá de la materia, adivinando en su orden la belleza del Creador. La fe es razonable (sí en el catolicismo), porque no va en contra de la razón. Y es que la razón va más allá del corto cientificismo.

Quien se acerca a la naturaleza, (y a las personas) con una mirada materialista, sencillamente pierde una dimensión de las mismas: la del misterio.

“Podemos intuir algo de la grandeza de Dios en la grandeza del cosmos. Si podemos construir el mundo a través de la técnica, es porque está construido en forma racional. En la gran racionalidad del mundo podemos intuir el espíritu creador del cual proviene, y en la belleza de la Creación podemos intuir algo de su belleza, de su grandeza y de su bondad.

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Juan Pablo II. Apostasía silenciosa de Europa.

 

“La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera”.

(Juan Pablo II, Ecclesia in Europa 9)

Quizá por ese conocimiento profundo del corazón del hombre, y ver con visión profética el camino de Europa hacia el nihilismo y el hedonismo, en Santiago de Compostela, gritaste al viejo continente:

“Europa, que estás comenzando el tercer milenio, VUELVE A ENCONTRARTE, SÉ TÚ MISMA. Descubre tus orígenes, aviva tus raíces…

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El amor trasciende, lleva más allá cuando es verdadero.

Con tu mirada tibia

alguien que no eres tú me está mirando:

siendo confundido en el tuyo otro amor indecible.

Alguien me quiere en tus “te quiero”,

y alguien acaricia mi vida con tus manos

y pone en cada beso tuyo su latido.

Alguien que está fuera del tiempo,

siempre detrás del invisible umbral del aire.

(Miguel d´Ors. Poema Esposa)

El argumento de los conversos. Dostoievski escribe.

¿Cómo responde el Dios de los conversos al escándalo del sufrimiento humano?

La pregunta no se podía formular mejor y exige una respuesta a la altura del problema. Todos los conversos coinciden en su respuesta, que en realidad no es un argumento, sino una Persona. La diferencia entre entender un argumento y conocer a una persona es grande: no se conoce bien a nadie en dos minutos ni en dos horas ni en dos meses. Por eso, los conversos se toman su tiempo. Mucho más del que dura una entrevista para la prensa. El tiempo que se tomó Dostoievski, preso en Siberia cinco años, para entender y resumir el argumento definitivo de los conversos, tan diferente al del captador:

Soy hijo de este siglo, hijo de la incredulidad y de las dudas, y lo seguiré siendo hasta el día de mi muerte. Pero mi se de fe siempre me ha producido una terrible tortura.

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