La lucha insensata por lo posible.

Para Dios todo es posible. Este pensamiento es mi divisa en el sentido más profundo del término, y ha llegado a alcanzar para mí una importancia que jamás habría supuesto. Ni por un instante me permitiría la osadía de imaginarme que, cuando no veo ninguna salida, es que tampoco la hay para Dios. Y es que confundir nuestra miserable fantasía  y otras cosas semejantes con la posibilidad de que Dios dispone, es el efecto de la soberbia y la desesperación.

Figuraos a un hombre que, con toda la pujanza de su fantasía  sobresaltada se imagina algo inaudito, terrible, tan terrible que resulta imposible imaginarlo. Y que, de repente, eso mismo tan terrible le sale al paso, se convierte en realidad. Con arreglo al juicio humano, la pérdida de este hombre es inevitable. Sin embargo, para Dios todo es posible. En eso consiste la lucha de la fe: la lucha insensata por lo posible. Pues sólo lo posible abre la vía de la salvación.

Sigue leyendo

¿Por qué Dios no nos resulta evidente?

¿Por qué Dios no nos resulta evidente? ¿Por qué no se manifiesta con fuerza, sin dejar lugar a la duda? ¿Por qué el Dios cristiano es un Dios escondido?

Si el Señor se mantiene a cierta distancia, si se aleja de nosotros, si prefiere mostrarse ausente, es para dejarnos un espacio de libertad, sin la cual el amor es imposible, ya que estamos hechos para amar. La discreción de Dios es un homenaje a nuestra libertad. Dios concedió la libertad al hombre como el mar ha hecho los continentes: retirándose.

Si existen creyentes y descreídos es porque Dios renuncia a hacerse evidente para que nuestra libertad llegue a ser posible.

Sigue leyendo

Abusus non tollit usum.

“Abusus non tollit usum”, el abuso no invalida el uso. 

Pensar que la religión es algo nocivo para el ser humano, por los desastres que alrededor de ella se han dado a lo largo de la historia, es tan ridículo como declararse en huelga de hambre, por una mala digestión de un amigo.

¿Le es posible al hombre sobrevivir sin alimentarse? ¿Puede vivir plenamente sin responder las preguntas más íntimas que brotan del fondo de su corazón?

Aunque es cierto que hay cosas que resultan ridículas, y llenan portadas de periódicos, otras no son menos ridículas, y desnortan al hombre llevándole al vacío y sin-sentido del nihilismo.

Sigue leyendo

FRANZ BECKENBAUER vuelve a la Iglesia Católica.

Era el año anterior al campeonato mundial de fútbol en Alemania. Como presidente del comité organizador estaba visitando a los treinta y un países cuyas selecciones nacionales se habían clasificado para el mundial. Al final de octubre de 2005 llegamos a Roma desde Lisboa. Como cada miércoles, decenas de miles de personas se reunieron en la plaza de San Pedro para la audiencia general del Papa. Y entre ellas aquella vez se encontraba también nuestra pequeña delegación.

A veces la vida sigue caminos misteriosos. Un mes y medio antes cumplí sesenta años y alguien me preguntó qué deseaba para aquel día. Respondí: «Me gustaría conocer al Papa en persona».

Sigue leyendo

Sólo Tú Señor.

El hombre camina errante, aplastado por el peso del sufrimiento y el dolor.

Vive celularmente, pero muere decapitado por el tenso sufrimiento de una vida a la deriva, sin horizonte, sin sentido.

Ansía, intuye “algo mejor”. No acierta a encontrar… Le paraliza creer en cuentos de hadas, poner el corazón en algo que no exista… Pero la intuición a veces es más fuerte que la propia razón, al igual que unos prismáticos no anulan la vista, sino que la agudizan y la hacen llegar más allá de la capacidad humana, así la fe lleva la vida del hombre, al propio hombre, más allá del límite biológico. Puede entonces amar para toda la eternidad, descubrir en su sufrimiento un sentido que le trasciende…

Por eso, el encuentro fundamental y decisivo del hombre, no es con una ideología, sino con una Persona: Cristo, Aquél que resucitó para darle a cada hombre la posibilidad de vivir para siempre…

Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.

Me conduces tras de Ti
por verdes alturas
hacia fuentes tranquilas, allí
donde reposo yo encontraré
donde el agua es más pura.

Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor. 

Si entre las tinieblas voy
de un abismo oscuro
nada malo yo temo porque
Tú me sostienes, Contigo hallaré
siempre un camino seguro.

Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.

Ante mí la mesa que
Tú me has preparado.
Rebosante mi cáliz está
de esa linfa de felicidad
que por mí has derramado.

Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.

Siempre me acompañarán
siendo mi alegría
tu amor, gracia y fidelidad
en tu morada yo habitaré
hasta el final de mis días.

Mi pastor, Señor eres Tú
nada me podrá faltar
mi pastor, Señor eres Tú
sólo Tú Señor.

 

Benedicto XVI en México. Despedida.

“No ceder ante la mentalidad utilitarista que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos”.

La contribución de los católicos en esta sociedad es la promoción humana, que es una expresión altísima de la caridad. Ser buenos ciudadanos, conscientes de su responsabilidad… Ser LAICOS, completamente LAICOS, en medio del mundo, sin ser del mundo. Vivir el Bautismo a pleno pulmón donde Dios nos coloca, es el reto del LAICO de hoy y de siempre.

Transformar las realidades temporales, acercando corazones al Amor infinito de Dios. Vidas ofrecidas en silencio, sin aparente repercusión, que transforman radicalmente el mundo por estar unidas al sacrificio redentor de Cristo en la Cruz. Eso es ser LAICO BAUTIZADO.

Dos tentaciones igual de peligrosas para él: vivir en el mundo siendo uno más, siendo del mundo; y vivir fuera del mundo, refugiado en ambientes inciensados eclesiales. De ambas maneras, fuera del lugar teológico, donde Dios le ha colocado y le espera.

Caminando entre dos vertientes que son pronunciados precipicios para su vocación a la santidad.

Sigue leyendo

La ciencia al servicio del hombre, y no al contrario.

Discurso del Santo Padre a los participantes en la plenaria de la Academia pontificia de ciencias

La ciencia para el bien del hombre y el desarrollo de los pueblos.

“Los logros científicos deberían estar siempre inspirados en imperativos de fraternidad y de paz, orientando los esfuerzos de cada uno hacia el auténtico bien del hombre y el desarrollo integral de los pueblos”. Lo dijo el Papa a los participantes en la asamblea plenaria de la Academia pontificia de ciencias, a quienes recibió en audiencia el jueves 28 de octubre.

Excelencias; ilustres señoras y señores: Me complace saludaros a todos los aquí presentes mientras la Academia pontificia de ciencias se reúne para su sesión plenaria a fin de reflexionar sobre “La herencia científica del siglo XX”. Saludo en particular al obispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Academia. [...]

La historia de la ciencia en el siglo XX está marcada por indudables conquistas y grandes progresos. Lamentablemente, por otro lado, la imagen popular de la ciencia del siglo XX a veces se caracteriza por dos elementos extremos. Por una parte, algunos consideran la ciencia como una panacea, demostrada por sus importantes conquistas en el siglo pasado. En efecto, sus innumerables avances han sido tan determinantes y rápidos que, aparentemente, confirman la opinión según la cual la ciencia puede responder a todos los interrogantes relacionados con la existencia del hombre e incluso a sus más altas aspiraciones. Por otra, algunos temen la ciencia y se alejan de ella a causa de ciertos desarrollos que hacen reflexionar, como la construcción y el uso aterrador de armas nucleares.

Ciertamente, la ciencia no queda definida por ninguno de estos dos extremos. Su tarea era y es una investigación paciente pero apasionada de la verdad sobre el cosmos, sobre la naturaleza y sobre la constitución del ser humano. En esta investigación se cuentan numerosos éxitos y numerosos fracasos, triunfos y derrotas. Los avances de la ciencia han sido alentadores, como por ejemplo cuando se descubrieron la complejidad de la naturaleza y sus fenómenos, más allá de nuestras expectativas, pero también humillantes, como cuando quedó demostrado que algunas de las teorías que hubieran debido explicar esos fenómenos de una vez por todas resultaron sólo parciales. Esto no quita que también los resultados provisionales son una contribución real al descubrimiento de la correspondencia entre el intelecto y las realidades naturales, sobre las cuales las generaciones sucesivas podrán basarse para un desarrollo ulterior.

Sigue leyendo

Relativismo, Logos y Verdad. Ratzinger y de Aquino.

1. El desafío del relativismo.

El Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, ha caracterizado al relativismo como el desafío más grande para la cultura actual, como el “problema central para la fe en nuestra época”, el “nuevo rostro de la intolerancia”, y ha hablado incluso del peligro de una “dictadura del relativismo”. Dichas expresiones no son sino la contracara de su afirmación de la importancia y actualidad de la pregunta por la Verdad como fundamento de la vida del hombre, “capaz de verdad”, y de la sociedad humana en todas las dimensiones de su realización.

Dentro de la noción de relativismo a que hace referencia el actual Pontífice, pueden distinguirse diversas formas: un sentido gnoseológico o metafísico, un sentido ético o político-social y un sentido teológico. En el primer caso, se trataría de dejar entre paréntesis la cuestión acerca del fundamento y el fin de la realidad, p.ej. en razón de la pretensión de exclusividad de un determinado método de conocimiento, como el propio de las ciencias experimentales positivas, lo que conduciría a no reconocer otra forma de racionalidad más que la instrumental. En esta perspectiva, la realidad es concebida a menudo como carente de racionalidad intrínseca y como producto del azar a partir de un caos inicial. La verdad como realidad accesible y vinculante para todos los hombres no existiría, o bien todas las opiniones serían verdaderas, aunque fueran contrapuestas. En el campo moral o ético-social, J. Ratzinger hace referencia a una concepción individualista del yo y de la conciencia que conduce a ver el consenso como la única fuente posible de derecho. Ante la carencia de criterios de verdad y de valor, tiende a imponerse como criterio único y supremo el de la “factibilidad”, es decir, la capacidad técnica del hombre de producir algo independientemente de sus implicancias morales.5 En lo teológico, por último, se han dado manifestaciones de relativismo en el campo de las teorías pluralistas de las religiones, concibiéndose a éstas como manifestaciones fundamentalmente parciales y equivalentes de lo divino.

Respecto de la primera forma de relativismo, J. Ratzinger ha afirmado la importancia de recuperar una noción no reductiva de racionalidad y formulado un llamado a la ampliación de la razón instrumental moderna, de modo que sea capaz de plantearse las cuestiones últimas y de entrar en un diálogo fecundo con la filosofía y con la fe. En cuanto al relativismo en el campo moral y ético social, expresa la necesidad de superar una concepción puramente individualista y subjetiva de la libertad, incluyendo las libertades de los demás, así como los contenidos de bien y de verdad, destacando la existencia de un fundamento no-relativista, pre-político, es decir previo a todo consenso humano, de la cultura y la sociedad democrática. En lo que hace al relativismo en el campo de la teología de las religiones, ha esclarecido los presupuestos filosóficos presentes en algunas de dichas teorías, subrayando la peculiaridad del cristianismo en la historia de las religiones, así como la necesidad de un discernimiento propiamente teológico del tema, desde el contenido de la revelación.

Sigue leyendo

Educación para la ciudadanía y el mínimo común ético.

Según Educación para la Ciudadanía, el “mínimo común ético” que se quiere imponer se fundamenta en los derechos humanos, pero, atención, en “los derechos humanos en su carácter histórico y cambiante”. Y ¿en función de qué cambian? En función del consenso social.

Se dice en este caso que el “mínimo común ético” se fabrica, no se descubre. Se construye con el “diálogo” y el “consenso”. De manera, que el uso de la razón y la referencia a las exigencias propias de la naturaleza humana son desplazados por el culto irracional a la voluntad de la mayoría.

Resulta difícil defender la existencia de los derechos humanos sin que tengan un fundamento objetivo, pues si no existe un “por qué”, todo queda en manos del consenso político, de los intereses de distintos grupos o ideologías -en el fondo, de los más fuertes-. Y si todo depende de los intereses o de los deseos de unos cuantes, ¿sigue teniendo sentido hablar de derechos humanos?

Cuando no hay un fundamento objetivo todo es susceptible de cambiar según por dónde soplen los vientos. Las grandes decisiones morales del hombre se subordinan al voto de la mayoría. Sigue leyendo