Según Educación para la Ciudadanía, el “mínimo común ético” que se quiere imponer se fundamenta en los derechos humanos, pero, atención, en “los derechos humanos en su carácter histórico y cambiante”. Y ¿en función de qué cambian? En función del consenso social.
Se dice en este caso que el “mínimo común ético” se fabrica, no se descubre. Se construye con el “diálogo” y el “consenso”. De manera, que el uso de la razón y la referencia a las exigencias propias de la naturaleza humana son desplazados por el culto irracional a la voluntad de la mayoría.
Resulta difícil defender la existencia de los derechos humanos sin que tengan un fundamento objetivo, pues si no existe un “por qué”, todo queda en manos del consenso político, de los intereses de distintos grupos o ideologías -en el fondo, de los más fuertes-. Y si todo depende de los intereses o de los deseos de unos cuantes, ¿sigue teniendo sentido hablar de derechos humanos?
Cuando no hay un fundamento objetivo todo es susceptible de cambiar según por dónde soplen los vientos. Las grandes decisiones morales del hombre se subordinan al voto de la mayoría. Sigue leyendo